The Real Life – El blog de Patricia Conde » Patricia Jones

31 octubre 2017

Patricia Jones

Me preguntan que cuál es el secreto. Ni yo, ni nadie lo sabe, pero sé que tiene que ver con algo muy profundo y que solo se encuentra dentro de nosotros mismos. Ese laberinto de acertijos, pruebas, trampas… porque cuando creemos que ya está, que ya lo hemos encontrado surgen nuevas dudas, nuevos retos, nuevas aventuras, nuevos problemas y hay que volver a empezar. 

No sé a ciencia cierta si se trata de haber experimentado tu cota de sufrimiento, por eso de “sin lo amargo lo dulce no es tan dulce”. Quizá si en nuestro camino nos hemos encontrado con numerosos obstáculos que nos han hecho replantearnos nuestro caminos… demonios disfrazados de ángeles… o si solo somos nosotros haciéndonos trampas a nosotros mismos. Nuestro peor enemigo está siempre dentro de nuestra cabeza. 

La experiencia es lo único que nos hace disfrutar, tener ese poso de tranquilidad, esa postura más sabia y reflexiva ante la vida que se te queda después de librar algunas batallas y haberlas ganado. 

 

 

 

 Las cicatrices que te quedan tras la lucha siempre son mejores que el cuerpo intacto e inexperto del que nunca salió al campo de batalla. Porque siempre es mejor haber jugado y haber perdido que no haber jugado jamás. Aunque no creo que se trate de perder tanto como de aprender. Porque a fin de cuentas si no te convence, si piensas que tiene que haber algo más, si quieres seguir escribiendo tu propia historia, hay que seguir caminando. 

Van pasando los capítulos y no entiendes muy bien las cosas que pasan, por qué de algunos personajes aprendes tanto, otros hacen daño, otros desaparecen… y el libro continúa hasta que te encuentras por fin en el capítulo donde todo cobra sentido, y entiendes por qué han tenido que morir algunos protagonistas. Por qué otros han sufrido lo indecible y por qué otros han mantenido el corazón bondadoso pudiendo haberse pasado al lado oscuro por el desgaste, las injusticias y el dolor. El acto más heroico del mundo es conocer los verdaderos principios del ser humano y respetarlos hasta tus últimos días. 

Si puedes correr, bailar, reír, jugar, viajar, enamorarte, disfrutar, por qué llegados a  un punto pensamos que ya no podemos. Por qué nos anclamos de pronto y creemos que ya no somos esa persona que hacía esas cosas, y que ya no las hace. Cuando realmente pasados unos años y gracias a la experiencia, la seguridad y la tranquilidad,  bailará mejor, correrá más, reirá más y al disfrutar con cabeza se enamorará con el corazón y con todos los sentidos…

 

 

 

 

Algunas personas piensan que son afortunadas porque dicen tenerlo todo y se convencen a sí mismos pensando que no experimentan dolor o sentimientos más profundos porque siempre han estado acomodados en su zona de confort. Y quizá sea ese el dolor más grande, la incapacidad de sentir.

A mí me gustaría disfrutar la vida al máximo, en ocasiones yo sola y otras en compañía de los que quiero. Soñar despierta, ser consciente en cada momento del tiempo que me queda, poder gestionarlo de la mejor manera, haciendo siempre lo que me pide el corazón y no cayendo en la desidia, la rutina o el que dirán. Sin guardarme ningún “te echo de menos”, sin malgastar el tiempo con cosas que no merecen la pena.

Como dice Bella: “Quiero vivir hermosas aventuras, es mi esperanza y mi ilusión”.

Los que hayáis visto ‘La bella y la bestia’ le sabréis poner la melodía.


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